Normalmente, todo tiende a verse desde el punto de miras de la persona que observa. No es difícil conocer los puntos de vista, seguramente muy distintos, de varias personas respecto al mundo. Y cuando uno se plantea mirar las cosas objetivamente, siempre busca mirar el mundo desde arriba. Yo gusto de mirarlo desde abajo. De ver las miserias que piso, para que cuando mire al cielo, el azul me parezca mucho más bonito.
Pero esto tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, mirando desde abajo, algunas cosas son tan altas e inalcanzables que es imposible verlas, sólo puedes imaginarlas. Y sólo imaginando no puedes decidir. No puedes elegir si será mejor una opción que otra sólo por cómo te imaginas. ¿Y si estás equivocado? Si eliges, cuando descubras que te confundiste ya será tarde.
No se puede vivir a ciegas...
Y sin embargo así estoy yo. Viviendo a ciegas. Siendo consciente de lo que tengo a mi alcance, de lo que soy capaz de ver, y sin embargo, lo importante, en el punto donde tengo que elegir, no llego a verlo.
Así es, lo habéis adivinado todos. No sé qué hacer con mi vida. A nivel personal, sí, lo tengo clarísimo. Tengo hasta el nombre de mis posibles hijos si fuese necesario. Pero el nivel personal es sólo una parte de la vida. Y me atrevería a decir que el nivel profesional, donde yo tengo dudas, afecta mucho en el nivel personal y... en general, afecta a todo, para qué negarlo.
No entiendo cómo la gente puede tenerlo tan claro. Cómo puede saber con claridad a qué dedicará su vida, cómo se la ganará, qué le gusta por encima de todas las cosas y quiere pasarse cuarenta años prácticamente dedicándose a ello. ¿Cómo se hace? ¿Te levantas una mañana y simplemente lo sabes? Pues yo quiero levantarme ya esa mañana. Quiero saber seguir... quiero saber, simplemente.
Quiero saber qué elegir y cómo, pero sin dejar de ver el mundo a mi particular manera... desde abajo
lunes, 2 de febrero de 2009
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